martes, 29 de mayo de 2012


Donde quiera que estés, a la distancia, te deseo lo mejor y decirte que te esperaré por siempre, acá donde te conocí y donde mi vida cambió. Donde reinó la paz y donde mi corazón se llenó de amor de tu amor.

Alejandro.

Lo recordamos

★ Recuerdo que estaban en una sala de clases, recuerdo que era el primer día, recuerdo que estaban a varios puestos de distancia, recuerdo que se miraron, recuerdo que en ese instante sólo existían los dos, recuerdo un sentimiento jamás vivido. Recuerdo que ese día el sol brilló de manera diferente. Recuerdo que al término de la clase, ambos caminaron hacía un lugar, un lugar en el cual nació ese día un nuevo amor. Lo recuerdo como si fuera ayer, lo recuerdo porque jamás olvidaré ese día. Lo recuerdo porque juntos lo vivimos y juntos lo recordamos.




Allí estaba solo, con sus cuadernos empapados, con sus libros llenos de lágrimas, con su carita triste, con su mochila. Allí estaba él, después de recibir burlas y ofensas, después de maltratos y engaños, después de ser humillado en reiteradas ocasiones. 

Recuerdo un día cuando estaba sentado mirando a sus cuadernos, intentando estudiar para sus exámenes. Aquel día cuando sin darse cuenta vino un chico y le quitó sus cuadernos, otro, manchó su ropa, otros le llenaron de burlas. Allí estaba yo, sin poder hacer nada. Sólo brindarle mi apoyo después de haberle mirado cómo le hacían daño, después de verlo sufrir, después de verlo, allí, tirado sin nadie que le acogiera, sin nadie que le ayudara a sentir que no estaba solo. Ese día por primera vez descubrí que era mi amigo, mi nuevo amigo, a quien no podía dejar solo, a quien debía entregarle el cariño y apoyo de un amigo, un buen amigo. Él me lo agradeció, recogí sus cuadernos, le acompañé a su casa. Allí lo esperaba su mamá, que con gran esfuerzo, después de llegar del trabajo, prepara la cena. Allí estaba yo, compartiendo con él, dándole mi mano. Apoyándolo, entregándole afecto, paz, tranquilidad. Fue ese día que me di cuenta que José estaba solo, en esa gran escuela, donde lo único que recibía eran maltratos y ofensas. 

Allí estaba, solo, esperándome. Esperando a que yo le ayudara, esperando a que le acompañara. Cuando llegué a verlo me abrazó, me pidió con ansias que le llevara a casa. En su casa nos había nadie, su mamá por su trabajo llegaría tarde, mas la cena no faltaba. Cenamos, hicimos la tarea. Eran las 10 de la noche, debía irme a casa. Su madre no llegaba, quería hablar con ella, contarle lo que pasaba con José en el colegio. Me fui, no puede hablar con ella, me despedí. En casa me esperaba mamá, preocupada porque no llegaba, le expliqué donde estaba. Me entendió. Tomé mis cuadernos y me fui a la cama. Las 03 de la mañana, suena el teléfono. Llama José, preguntando por mi, se despide triste, dice que no irá más al colegio. Quería que me cambiara a su curso, mas no se podía, el director no lo permitía. Le pedí que fuera, que no abandonara sus estudios, que debía ser fuerte, que yo le acompañaría. Se tranquilizó y se fue a dormir.

Hasta llegar a ti...

¿Puede el corazón llorar?, eso fue lo que me pregunté cuando te conocí por primera vez. El día llegaba a su fin, debía regresar a casa.
Estaba esperando el autobús. El semáforo indicaba verde, te vi pasar, sonreí, sonreíste también. El tiempo se detuvo, mi corazón palpitó más intensamente. Supe que eras tú, supiste que era yo.
El estruendo llegó, mi corazón se apretó, tomaste mi mano. Pude sentir tu dolor, se hizo mío. Lloré, lloramos.
Una flor me acompaña a tu lugar día a día. Las lágrimas siempre están, la lluvia nos acompaña.
El tiempo ha pasado, y nada ha cambiado. Allí voy yo, allí me esperas tú. Allí nos encontramos... Allí empieza nuestra vida, allí nacimos nuevamente.

Autor.